Un espacio para estar de pie

Si nunca tuve ambiciones políticas, menos interés aún tenía por conocer el funcionamiento de los partidos por dentro. Desde dentro.

Antes de estar en EQUO formé parte de asociaciones de «turismo rural», que es a lo que me dedico profesionalmente. Siempre tuve también compromisos en el AMPA del colegio de mi hija. En todos los sitios donde estuve lo único que hice fue trabajar para que todo funcionara lo mejor posible, implicando siempre a todos los agentes. Nunca quise cargos, ni micros, ni sillones por donde pasé. Siempre preferí estar de pie y si había asientos que se sentaran los demás.

Conocía el partido de Los Verdes de Asturias, los había votado varias veces. En Oviedo casi todos nos conocemos, es lo bueno y lo malo que tiene vivir en una ciudad pequeña; incluso en una autonomía como Asturias en política todxs nos conocemos. Con las decisiones de Los Verdes en su momento unas veces estuve de acuerdo y otras no. Uno de esos momentos últimos fue a raíz de los pactos de gobierno que se hicieron. Pero esto lo vivía sólo como votante ya que no estaba, ni quería estar, dentro de ningún partido. Pasaron los años y empecé a escuchar el nombre de EQUO, diré que no me gustaba nada y que nunca supe su significado. Un día me encontré con un amigo de los «Verdes de Asturias», hablamos del nuevo partido del que formaban parte y me explicó como funcionaban y quienes estaban en la Mesa de Coordinación en aquel momento.

Por una casualidad que nada tiene que ver con política sino con la música, quedé con uno de ellos en la sede que entonces tenían en Oviedo. La reunión ese día era para hablar de cosas internas del partido, me aburrí un montón, pero me «prestó» (1) encontrarme con personas a las que apreciaba desde hacía mucho tiempo. Así me hice simpatizante de EQUO y como soy incapaz de estar en un sitio sólo para ocupar un espacio vacío, empecé a actuar, a ir a todas las reuniones, a querer trabajar.

Me di cuenta de todo lo que se trabajaba desde un partido pequeño que no se conocía porque no sale en los medios de comunicación y porque ellos tampoco hacen las cosas para salir en la fotografía. Me sentí muy a gusto, muy en mi sitio. Trabajo, buen rollo, risas, todos hablaban por igual, nadie iba de líder, el ambiente era estupendo.

Llegaron mis primeras elecciones dentro de un partido como simpatizante y empiezo así a conocer confluencias, y partidos que van de distintos y sus formas son más antiguos que las del PC. Así me estrello con lo que nunca quise conocer, pero de todo se aprende y sobre todo ayuda a saber lo que se quiere para tú partido y lo que no (eso pensé entonces).

También llega la ahora de renovar la mesa de coordinación de EQUO Asturias y con ello la falta de mujeres. Otra realidad con la que me topé: éramos muchas mujeres en el partido pero a la hora de estar afiliadas o tener algún cargo nos costaba el doble implicarnos, estar presentes como lo estaban ellos. Así es como llegó la hora de afiliarme y formar parte de esa mesa de coordinación y lo hice, segura de estar en un partido que me gustaba por dentro y por fuera.

Empezamos a trabajar; mis objetivos estaban claros. No sé si sería capaz de aportar lo que quería pero estaba dispuesta a intentarlo. Por un lado quería acercar la política verde a la calle, hablar con todas las asociaciones que tenían mucho que decir; sobre todo de educación y sanidad. Luego otra meta era «el mundo rural», ese que parecía imposible de entender desde un partido ecologista. De entender ellos a nosotros y nosotros a ellos. Hoy estoy convencida de que estamos en el camino correcto aunque quede mucho por hacer.

Pero como me imaginé, llegó lo que no quería conocer, llegó lo que me había impedido hasta entonces el afiliarme a un partido político. Mi primer viaje a Madrid a una reunión de la Mesa Federal me abrió los ojos, la mente y el corazón, desde luego no para bien. Si el ambiente de Asturias era amable, de igual a igual, horizontal, democrático, en Madrid, en aquella sala de «estatutos» donde estuvimos día y medio para poder aprobar algo que llevaban trabajando meses compañeros, y que a golpe de periódico «un grupito» no dejaba aprobar un sólo artículo. Salimos de allí agotados física y mentalmente, por lo menos yo que no estaba acostumbrada a esas maneras ni a esas formas de actuar, de intimidar. Me parecía que aquel no era mi partido, y no, no lo era. Desde entonces nada fue igual.

El trabajo en Asturias fue y es agotador, porque no dejamos de actuar en todos los ámbitos de la política local y autonómica, y tenemos que luchar por la recuperación de los valores que nunca teníamos que haber perdido. Ahora mismo estoy en ese momento que todo me recuerda cuando no quería conocer ni formar parte de la vida interna de un partido. Todo me hace sentir que lo que creía era cierto, incluso en éste partido que era tan diferente. Siempre hay alguna persona que lucha por sus intereses y cuando esos «algunos» llegan a la ejecutiva del partido, éste deja de ser democrático y horizontal para convertirse en un mini-partido personal de acomodo para esas cuatro personas.

Adiós ideales, adiós intenciones, adiós principios éticos. Hoy todo lo que pensaba se cumplió, lo único que lo salva es saber que otra manera de trabajar es posible, que otra manera de actuar desde un partido sin líderes también y el ejemplo es Asturias. Lo más importante es no dejar que los interese personales lleguen a secuestrar los intereses generales. Importante para ello es que esas personas no lleguen a los asientos porque no te dejarán ni ocupar el espacio para estar de pie.

(1) en Asturias se usa como sinónimo de “me alegró” o “me gustó”

Emma Alvarez es empresaria de turismo rural y miembro de la mesa de coordinación de Alternativa Verde por Asturias EQUO.

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