Las gafas verdes de la economía

En muchas ocasiones, parece que Lxs Verdes nos ocupamos exclusivamente de los animales, de fomentar el uso de la bicicleta y proponer mejorar el reciclaje de basura. Sin embargo, existe una base de ideas – la tan denostada ideología – sobre la que se apoyan nuestras propuestas y de las que no hablamos todo lo que debiéramos, algo que vamos a hacer en esta serie de artículos.

Hace unos días, en un encuentro con personas que han vuelto al campo, volví a encontrarme con una de mis palabras favoritas en alemán: Weltanschauung o, lo que es lo mismo, la visión del mundo o cosmovisión. Cada una de nosotras ve el mundo a través de unas gafas únicas y personales, que han sido construidas en base a nuestras experiencias vitales y con la información que nos llega por distintos medios (familia, escuela, noticias, películas, libros, series, etc.). El mundo – la realidad – no es como pensamos que es, sino que lo que vemos es la interpretación que hacemos de esa realidad en función de unas muletas que llamamos ideas.
En lo relativo a la economía, hay varias ideas que se han adueñado del mundo en los últimos años y que difícilmente encuentran contrincantes: el crecimiento sin fin de la producción y el consumo, el individualismo por encima de todo, el éxito ligado al dinero o la fama y el poner precio a todos los aspectos de la vida o mercantilización. Pero hay otras gafas para ver la economía desde una perspectiva verde. ¿A qué me estoy refiriendo?
Lxs Verdes estamos convencidxs de que el mantra del crecimiento infinito es falso. No es posible seguir fabricando cosas sin límite, porque para ello hacen falta materiales que hay que sacar de la Tierra, que tiene sus límites. Ya lo estamos viendo con minerales como el coltán, necesario para la fabricación de aparatos electrónicos o con el mismísimo petroleo. Pero es que además sabemos desde hace tiempo que no por tener más cosas vamos a ser más felices. La felicidad se consigue por otras vías: mediante la relación profunda con las personas y los paisajes que nos rodean; con la capacidad de intervenir en las decisiones que nos afectan; en el hecho de tener tiempo para dedicarnos a lo que nos gusta, etc. Nada nuevo que no dijesen quienes apoyaban las ideas libertarias  hace más de un siglo.
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La economía funciona en nuestros días como un oráculo que está por encima del bien y del mal, cuando no deja de ser una disciplina que originalmente se ocupaba del cuidado de la casa. Su fin último es mejorar las condiciones de la vida de las personas en su vida diaria, tal y como dijo Samuelson, aunque hoy en día parece que no queda otro remedio que obedecer ciegamente sus designios, aunque atenten contra nuestro bienestar.
En una reciente encuesta a personas jóvenes asturianas, salía un porcentaje que no sabía lo que es el capitalismo. No me extraña porque parece que siempre ha estado ahí desde el origen de los tiempos, aunque su hegemonía ocupa solamente los últimos dos siglos de historia de la Humanidad. Es importante conocer sus fundamentos para ser conscientes de que hay alternativas y de que es urgente ponerlas en marcha. El capitalismo se basa en la propiedad privada, en la búsqueda de la ganancia para quienes poseen el capital y en el intercambio a través del mercado. Esos ingredientes han permitido grandes logros pero a costa de enormes sacrificios durante el tiempo que llevan en marcha.
El sistema productivo capitalista es como un paréntesis que acota sólo una parte de la realidad. En nuestro mundo capitalista, sólo aquello que tiene un precio asignado por el mercado tiene también valor. Pero ocurre que ni los minerales en la corteza terrestre ni la contaminación del aire o los residuos generados están incluidos en el paréntesis, es decir, su precio es cero hasta que entran en el proceso productivo, eso sin mencionar la infelicidad, la frustración y el desamparo que nuestro modo de vida provoca a tanta gente. 
El Producto Interior Bruto tan querido para nuestros ministros de economía, sólo incluye aquellos intercambios que han sido valorados en el mercado, incluso aunque atenten contra la vida humana, como la fabricación de armas, mientras deja fuera actividades tan necesarias para su mantenimiento como el cuidado de la infancia por sus progenitores o de las personas mayores por sus familiares, las tareas del hogar y muchas otras actividades que no tienen porqué entrar en el mercado.
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Vivimos una época huérfana de utopías y resignada a lo que hay. Ni el socialismo ni el comunismo, por no hablar del liberalismo facilitan horizontes de ilusión que nos animen a mirar hacia delante, solamente a seguir girando la rueda para aumentar el PIB.
Pensamos que las cuestiones económicas no las pueden decidir unas pocas personas, ya que afectan a todas. Por eso, defendemos la participación de todas las voces implicadas en la toma de decisiones de manera colectiva, ya sea en los municipios como en las empresas. No es posible dar una respuesta individual a problemas que nos afectan a todos.
Es cierto que las propuestas verdes son una ideología de ricos, pero de ricos con conciencia. ¿Conocéis algún partido verde en algún país pobre? No hace falta: los pobres no son un lastre para el sostenimiento de la vida humana en la Tierra. Somos los ricos quienes acaparamos más de lo que nos corresponde, poniendo de esta forma en riesgo el mantenimiento de la vida humana en el planeta. Queremos una distribución igualitaria de los recursos entre todas las personas que forman la Humanidad.
Es hora de hablar de contención y para eso tenemos que aprender a renunciar: a la energía en exceso, a muchas cosas inútiles, a los desplazamientos innecesarios, a los cochazos como símbolos de estatus y a muchas cosas más. No es una receta de buen gusto, pero al menos somos gente honesta. Aunque no somos masoquistas, no nos gusta sufrir, más bien pensamos que la felicidad se encuentra en otras cosas, como dije más arriba.
Existe el riesgo de que el sistema se apropie de estos valores y los integre en su funcionamiento, al modo de un barniz verde que tape otras realidades, algo que ya está haciendo y tiene nombre en inglés: greenwashing o “lavado de cara verde”. Es nuestra tarea descubrir estos engaños y dejarlos al descubierto, pero nos vamos a tener que dedicar a fondo porque el contrincante no es uno cualquiera.
En definitiva, los Verdes ofrecemos un mensaje de ilusión a la Humanidad, con la vista puesta en un mundo mejor y más justo, algo poco frecuente en la oferta política actual.
Para saber más:
  • La Economía en evolución, José Manuel Naredo, Siglo XXI, 2015
  • La transición ecológica de la economía ¿por qué? ¿ para qué? ¿cómo?, Florent Marcellesi (disponible para descarga en este enlace)
  • Autoconstrucción, Jorge Riechmann, Los Libros de la Catarata, 2017 y el resto de la Trilogía de la Autoconstrucción.
  • Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, David Harvey, Traficantes de sueños, 2014.
  • Rutas sin mapa, Emilio Santiago Muiño, Libros de la Catarata, 2016.
 Autor: @sindorubin

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