Bicicletas para el futuro

Según la definición del World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), “la movilidad sostenible es aquella capaz de satisfacer las necesidades de la sociedad de moverse libremente, acceder, comunicar, comercializar o establecer relaciones sin sacrificar otros valores humanos o ecológicos básicos actuales o del futuro (…) La movilidad sostenible también busca proteger a los colectivos más vulnerables –peatones, ciclistas o personas con movilidad reducida–, dar valor al tiempo empleado en los desplazamientos, internalizar los costes socioeconómicos de cada medio de locomoción o garantizar el acceso universal de todos los ciudadanos a los lugares públicos y equipamientos en transporte público colectivo o en medios no motorizados” esta definición aceptada como un estándar por políticos, medios, funcionarios, periodistas, académicos, empresarios de medio mundo, que la usa, sin saber muy bien que significa ni cómo implementarla realmente. Algo muy similar a lo que paso en la década de los 90, con el concepto de Sostenibilidad o el Desarrollo Sostenible, con que el que por supuesto y obviamente está íntimamente emparentada.

Cuando en 1998 se puso en marcha el Pacto sobre la Movilidad Sostenible de Barcelona, se estaba empezando a dar forma a ideas que hasta ese momento eran en nuestro país debates vanguardistas entre urbanistas y pensadores o los deseos “húmedos” de ecologistas irredentos que soñaban con “otro mundo posible”. Este pacto se construyó sobre los siguientes principios básicos fundamentales:

tráfico en Barcelona

1) El principio de sostenibilidad es la base del pacto. Hay que asegurar, hoy en día y en el futuro, una movilidad que reste agresividad al entorno y a la ciudadanía, y que incremente la planificación, la eficiencia, el ahorro de recursos y el respecto al medio ambiente.

2) Hay que establecer mecanismos para defender el derecho a la movilidad de todo el mundo.

3) Se debe garantizar la calidad de vida de todos los ciudadanos y ciudadanas.

4) Conviene fomentar un cambio de actitudes de las administraciones y de los ciudadanos y ciudadanas con sistemas que garanticen la seguridad y la disciplina vial.

5) Se deben planificar las nuevas actuaciones urbanísticas según las necesidades de movilidad que generarán.

Veinte años después muchas ciudades del mundo y de nuestro país han implementado políticas similares y adoptadas líneas de actuación en esta dirección. No hay duda de que lo que influyo en la consecución de este pacto hace dos décadas en Barcelona, fueron a su vez políticas puestas en marcha a su vez en los Países Bajos, Dinamarca y algunas otras naciones del norte de Europa a su vez veinte años antes, en plena crisis del petróleo de la década de los 70. Pero no solo en Europa se desarrolló esta preocupación o forma de repensar nuestras ciudades y áreas urbanas; en la misma época en Brasil Curitiba innovaba en transporte público y en el diseño de la ciudad; Estados Unidos ya había empezado a finales de los 60 con sus vías de alta ocupación para reducir la congestión de sus grandes autopistas; Colombia desde principios del siglo XX en Bogotá y Medellín, entre tantas otras experiencias pioneras.

atasco en Tenerife

En el debate sobre la movilidad sostenible entran en juego diferentes aspectos sociales, económicos, políticos, medioambientales, tecnológicos y culturales que se encuentran y se enfrentan. En movilidad sostenible hay un ejercicio de democracia participativa inherente en su desarrollo; no se puede implementar este concepto sin dialogo entra todas las partes y sectores que conforman un espacio urbano. La movilidad es un elemento económico de primer orden, desde el inicio de las grandes civilizaciones y las ciudades estados, pero aún más desde la revolución industrial y la aparición de la economía mundo en el siglo XVII; y la subsecuente globalización del siglo XX. Para 2014 la cifra de automóviles en el mundo era de 1200 millones con unas ventas anuales de 90 millones de unidades, de las que España producía unos 2-3 millones anuales (2.9 en 2017). La Previsión para un estudio de Bernestein research publicado por el World Economic Forum es que para 2040, se habrán duplicado estas cifras.

Con un planeta donde para 2014 el 54% de la población mundial, 7600 millones actuales con un crecimiento de 83 millones al año vivía en ciudades; con 28 “megaurbes” de más de 20 millones de habitantes en el planeta y con “casi la mitad de los 3.900 millones de habitantes urbanos actuales que residen en áreas urbanas con menos de medio millón de habitantes”(Datos ONU); hablar de movilidad sostenible es imprescindible si queremos tener una mínima oportunidad de sobrevivir a este caos en el que ya vivimos.

Por eso siguiendo la propuesta de “Frato” Francesco Tonucci en la “La Ciudad de los Niños”, debemos rediseñar nuestros espacios urbanos, pensando en los más pequeños, en el futuro de la humanidad. Este libro en el que el pedagogo italiano hace un experimento social en la ciudad italiana de Fano, en el que aconseja que las urbes sean estructuradas y creadas pensando en los niños, protegidos por el resto de la población. Si queremos sobrevivir en un mundo cuyas proyecciones prevén 11000 millones de seres humanos para el año 2100 en nuestro planeta, debemos aprender urgentemente a vivir de otra manera.

La buena noticia es que ya hace varias décadas que muchas ciudades y zonas urbanas del mundo han empezado a trabajar e invertir en movilidad sostenible como dije antes. En España desde San Sebastián y Barcelona pioneras de la introducción de la bicicleta en España; siguiendo por Vitoria y Pontevedra a la cabeza de la movilidad sostenible en nuestro país actualmente; o Sevilla que es la líder en redes ciclables de nuestro país y modelo de éxito que se exporta a EEUU actualmente. Pero más recientemente, desde 2015 Zaragoza, Valencia, Madrid, A Coruña, y Las Palmas de Gran Canaria, entre otras, están cambiando radicalmente su concepto de movilidad e invirtiendo en mejoras del transporte público, desarrollo de carriles bicis, calmado de tráfico, limitación a los vehículos privados y aumento de las zonas peatonales. Básicamente rediseñar las ciudades para hacerlas más habitables, amables y sobre todo más humanas.

sitycleta de Las Palmas de Gran Canaria

Casi todas las ciudades españolas grandes y medianas cuentan hoy en día con sus correspondientes planes de movilidad sostenibles, sean estos documentos más o menos avanzados en sus planteamientos; pero no muchas de ellas han empezado a implementar de una manera coherente y decidida lo que estos planes recomiendan. Es el caso de la isla de Tenerife que con gravísimos problemas de atascos permanentes, una densidad de población de 442 habitantes por km2, 776000 vehículos para los 1204 km de carreteras en una isla de 2034 km2 y una población de 920467 habitantes, apenas si hace nada para enfrentar esta situación. Sin embargo en Las Palmas de Gran Canaria, una “ciudad del cambio” que desde 2015 ha apostado con un nuevo equipo de gobierno (PSOE+NC+Confluencia:Podemos-IUC-Equo) por invertir en Movilidad Sostenible y por encontrar nuevas soluciones a los atascos, a la contaminación y a la pérdida de calidad de vida. La Movilidad Sostenible de Tenerife necesita ser repensada de abajo a arriba y para eso necesitamos que la sociedad pueda debatir de estos temas y que los poderes públicos, impulsen esos espacios de dialogo y después ejecuten lo que la ciudadanía demanda. Algo que impulsamos y venimos solicitando desde la Mesa de la Movilidad Sostenible de Tenerife creada en abril de 2016, siguiendo el ejemplo de Barcelona.

No hay soluciones fáciles a problemas complejos pero lo que queda meridianamente claro es que como en muchos ámbitos de la sociedad española y del mundo, se imponen cambios de fondo y forma a la hora de buscar soluciones a los grandes desafíos que tenemos por delante. El feminismo está siendo la mayor revolución social y política en esta segunda década del siglo XXI y los cambios en Movilidad Sostenible han de hacerse incorporando las radicales y muy necesarias nuevas visiones a nuestra realidad social que el feminismo ha traído y puesto en el debate social al fin. Es hora de dar voz a los sectores invisibilizados históricamente en nuestra sociedad y de diseñar ciudades donde mujeres, niñas y niños, personas mayores puedan pasear, disfrutar de la vida, moverse sin pensar que pueden perder la vida en cualquier momento.

Las bicicletas fueron acusadas en los albores del siglo XX de ser instrumentos que favorecían la emancipación de las mujeres; si queremos cambiar nuestras ciudades, pueblos y barrios, esa revolución ha de hacerse en bicicleta, en patines, caminando, corriendo o en transporte público para ver si aparte de las mujeres nos emancipamos todos los demás de la tiranía del coche. El vehículo privado deber dar paso al vehículo de uso compartido, al transporte público, volveremos a apreciar el placer de pedalear, andar o compartir un transporte para movernos sosteniblemente. Nuestra vida nos los agradecerá y el sufrido planeta en el que vivimos también. Como decía H. G. Wells “cuando veo a un adulto en una bicicleta, no pierdo las esperanzas por el futuro de la raza humana”. Vamos a recuperar la esperanza en la humanidad: cojamos la bicicleta y reclamemos ciudades para nuestras niñas niños, el futuro nos lo va a agradecer.

Hugo de Armas Estévez es Co-coordinador de la Mesa de Movilidad Sostenible de Tenerife y miembro de Equo Tenerife y de Unid@s se puede, confluencia de La Laguna-Tenerife. Vivió en Londres entre 2007 y 2015 donde se afilio en el Green Party of England and Wales y fue miembro de la ejecutiva de la London Green Federation. Es voluntario, educador ambiental y activista de Greenpeace España desde 2002. Actualmente comparte militancia ecologista en Ben Magec (Ecologistas en Acción en las Islas Canarias)

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